Hace poco asistí a una Jornada sobre Buenas Prácticas de directivos-as de educación. Diferentes miembros de equipos directivos de siete instituciones educativas (públicas, privadas y concertadas) compartían su parecer acerca de cómo se debe liderar un colegio.

Fue un día cargado de formación en la acción. Los ponentes abrieron las puertas de su trabajo para comentar las cuestiones y elementos que, para ellos y ellas, hacen que su labor de liderazgo tenga éxito. Me encantó la pasión y el respeto con los que hablaron. De sus mensajes se extraían verdaderas perlas de conocimiento y competencia.

Estas personas cambiaron el formar parte del colectivo del Claustro para ponerse, más aún si cabe, al servicio de su centro. Aunque, en realidad, el docente, en mi opinión, nunca deja de serlo aun cuando le ocupen otras funciones.

¿Qué aprendí?

De esta Jornada me quedo con algunas ideas.

  • La pasión: Tener pasión, ilusión por lo que haces para mí es esencial. No puedes hablar de ello si no lo vives. En cierto sentido, tiene que enamorarte tu Proyecto Educativo, que no deja de ser el sueño que mantienes no solo para los alumnos-as, sino para toda la comunidad Educativa.
  • Educar para la vida: En una ocasión leí que el aula es un simulacro de la vida. Son muchas las horas que pasamos en los centros escolares. Por ello, todo lo que vivimos como docentes y alumno-as debe ser reflejo de la educación para la vida, de su transferencia a un contexto real.
  • Ser ejemplo: No pedir a los demás lo que no puedes hacer tú. El ejemplo educa más que las palabras. Estas solo se sostienen si hay unas acciones que las acompañan.
  • Trabajar en aras de la corresponsabilidad: en la era en la que nos ha tocado vivir, ser corresponsable es un signo de confianza y un valor para que las personas prosperen en su vida laboral, personal y social. No me imagino ninguna estructura social con valores que no trabaje corresponsablemente.
  • ¿Necesitas algo de mí? Preguntar esto a los compañeros, las familias, los alumnos. En general a las personas con las que trabajamos. El liderazgo educativo tiene que ver con acompañar, dejando a las personas hacer, guiándolas y apoyándolas cuando hace falta, pero priorizando su autonomía. No va de ser la estrella o el superhéroe.

Al finalizar el día, me di cuenta de una idea nuclear. Una pregunta que ronda mi cabeza desde entonces: ¿qué diferencia hay entre liderar la escuela o liderar un aula? Al final, todos somos personas, adultos o niños. Y en nuestra mano está el acariciar o herir con nuestras acciones, palabras y formas de actuar.

Por eso, quiero pensar que liderar para aprender, como directivos-as, busca una influencia positiva en los compañeros-as (en el caso del aula, con los alumnos) que desarrolla y busca posibilidades para todos. Y que cambia siempre el “YO” por el “NOSOTROS”.

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