Estoy segura de que muchos docentes no han oído hablar nunca de la Ley de Moore. Y lo sé porque yo misma no había percibido esta teoría antes.

Ha sido al adentrarme en el ámbito de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) cuando he escuchado este principio. Y es que la Ley de Moore me ha dado un poco de vértigo.

¿Sabes por qué? Porque Gordon Moore predijo en 1965 que el potencial de almacenamiento de los microprocesadores se dobla cada dos años. ¡Dos años! Este científico y co-fundador de Intel vaticinó estos avances tan revolucionarios que han transformado, sin vuelta atrás, la tecnología, la economía y la sociedad en general.

Pero… ¿qué hay de la escuela? ¿qué ocurre en los centros educativos? Si pensamos en los retos tecnológicos que nos toca afrontar quizá nos entren dudas o desasosiego. Lejos de estos sentimientos, quiero plantear los siguientes desafíos para embarcarnos en este mundo que me parece fascinante.

DESAFÍOS TIC PARA LA EDUCACIÓN

1. Formación a la Comunidad Educativa:

Por supuesto, formación para el profesorado, primer agente implicado en este cambio, pero también el PAS y las familias. El profesorado tenemos una oportunidad maravillosa para aprender con la tecnología, ver el impacto en los alumnos y motivar a los estudiantes y a nosotros mismos a que sean aprendices durante toda la vida ayudados por las TIC.

Por otra parte, cuando digo familias, digo papás, mamás y… alumnado. Pero, ¿los alumnos? Si son nativos digitales. Que los chicos y las chicas hayan nacido en el tiempo de muchos de los avances que hace 10 años no existían, no significa que sepan manejar, descubrir, aprovechar las TIC en el sentido más amplio. Todos los agentes educativos tenemos la responsabilidad de ayudar y apoyar a los niños y niñas en este ámbito, al igual que en otros de la vida.

2. Liderazgo tecnológico responsable:

Muchas personas que tenemos en el centro son personas líderes en el ámbito tecnológico. Esto nos debe animar a potenciar sus capacidades y a que sean faro de sus compañeros: aprovechar recursos, incentivar la interdisciplinariedad de las materias, compartiendo materiales, etc… Podemos empezar por diferentes vías y todas ofrecen la posibilidad de desarrollar las TIC en el aula creando sinergias con los compañeros y compañeras.

3. Procesos de enseñanza-aprendizaje innovadores:

Las TIC son un acelerador de todo lo que aplicamos de innovación pedagógica con el currículo. El aprendizaje cooperativo, el aprendizaje basado en proyectos o retos, el pensamiento crítico, la creatividad, la gamificación… Todos ellos encuentran un aliado en la tecnología que facilita y ayuda su puesta en marcha.

4. Evaluación constante:

No hay mejora sin evaluación. Tanto para los procesos de evaluación del alumnado como la implantación TIC puede ser valorada en un proceso continuo de mejora constante. Estar en clave constante de todavía como afirma Carol Dweck nos inspira a seguir en el camino: todavía podemos ser mejores, todavía podemos profundizar más, todavía…

5. Infraestructura y entornos robustos:

Esto es un llamamiento a todas las personas que toman decisiones en el ámbito TIC de los colegios: debemos invertir en una infraestructura robusta. Empezar el edificio digital con una buena base. Y por esto me refiero a un buen sistema de conectividad y a herramientas digitales de calidad.

6. Las otras TIC:

Como el compañero Manu Velasco en un post escrito por su mujer (link abajo), no debemos olvidar las otras TIC que debemos trabajar en el aula: Ternura, Interés y Cariño. A esto me permito añadir el espíritu crítico, la ciudadanía digital y los valores. Son los mejores software en los que invertir, incluso si no hacemos nada de los puntos anteriores.

Creo firmemente que la formación continua y una mentalidad abierta a lo largo de nuestra vida son las claves fundamentales que nos permitirán comprender los retos tecnológicos que se nos avecinan.

Adaptarnos a la era digital, aprovechar factores como la personalización del aprendizaje, la creatividad, la curiosidad, la comunicación como nunca antes se habían dado en las aulas son algunas de las oportunidades que se nos ofrecen.

Quizá los profesores y las comunidades educativas no evolucionemos tan vertiginosamente como la Ley de Moore afirma. Pero sí tenemos la posibilidad de abrir el aula, nuestro centro educativo y nuestra mente a esta ola que, con ilusión y respeto, nos toca surfear.

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